Neil Young

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MADRID 16 de Junio de 2016
 

MADRID 16 de Junio de 2016

Mad Cool Festival Madrid 2016

Varios - Mad Cool Festival - Madrid 16, 17 y 18 de Junio de 2016 Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 1 Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 2 Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 3 Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 4

Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 5 Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 6 Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 7 Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 8 Neil Young - Madrid 18  Junio de 2016 Foto 9

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Voz de jilguero, cuerpo de Búfalo (Springfield), camisa de leñador, sombrero de señor mayor…

Cuando caía la tarde en la tercera jornada del MADCOOL festival aparece por el fondo del escenario, parsimoniosa, la figura inconfundible de uno de los cada vez más escasos iconos musicales supremos. Su obra, cimentada a lo largo de cinco décadas puede gustar más o menos, pero su categoría como creador es unánime. En el momento en que se sentó al teclado y susurró la primera estrofa de After the gold rush la sensación fue de identificación inequívoca. Es cierto. No hay duda. Es ÉL. Artistas con un timbre al cantar tan personal, tan intransferible como una huella dactilar sonora Roy Orbison, Dylan, Freddy Mercury, Tom Waits, Billie Holliday, Sting… y por supuesto, Neil Young.

Los primeros cuatro temas los interpreta él solo, con el órgano del castillo de Drácula, una guitarra acústica, armónica al cuello y un piano que debieron regalar a su abuela en la primera comunión. El silencio entre los 35000 asistentes es de una reverencia catedralicia. Algunos a nuestro alrededor cierran los ojos para sentir la comunión con más intensidad.

Con ritmo cadencioso Out on the weekend recibe en Madrid a Promise of the real, el grupo de los hermanos Lukas y Micah Nelson, hijos del eterno Willie. “Earth” es la palabra que se lee en la camiseta del abuelo Neil, así como en la gorra del bajista Corey McCormick  En los últimos años el compromiso de Young con la ecología se ha intensificado: La protección de la naturaleza y evitar la proliferación de plásticos en los océanos se manifiestan durante la actuación cuando unas campesinas riegan las plantas situadas al borde del escenario. Momentos más tarde unos tipos siniestros vestidos en plan Fukushima fumigan lo antes regado. De vez en cuando se aproximaba a los tiestos para acariciar alguna de las flores o se quedaba extasiado mirando la luna llena que tenía enfrente o unos pajarillos revolotear (no es broma), lejos de quedar ridículos tales gestos.

Con el discurrir del concierto, paulatinamente, el sonido se va volviendo más denso. Las guitarras se electrifican y los tonos limpios se embarran con la distorsión. Las canciones de cuatro minutos se hiperbolizan en sinfonías de cuarto de hora, estructuradas sobre solos apocalípticos. Cuando parece que un tema va a terminar lo recomienzan otra vez, y otra… (como si fuera Overkill de Motörhead). Esa intensidad supura desde el escenario hasta el público, contagiado, secuestrado sin remedio por la sobredosis de sinceridad artística de la que somos testigos. Neil apenas se fija en nosotros. Casi todo el tiempo su mirada interactúa con el resto de músicos de la banda. Incluso llega al punto de hacer varios solos de espaldas al público, mirando hacia el batería Anthony Logerfo. Este gesto no debe entenderse como un signo de desprecio sino más bien, como una manera de cohesionar el espíritu de grupo, como si estuvieran tocando en el sótano de su rancho de Ontario.

En el apartado “hardware” que tanto nos gusta en EPF… Como podéis comprobar en la galería de imágenes no hay ninguna púa. No vimos volar ninguna desde el escenario y los roadies tampoco nos hicieron mucho caso. Es igual. Según parece en toda su carrera Neil Young nunca ha personalizado sus púas. La razón de que acumule muchas en el pie de micro se debe a que, según pudimos comprobar, se le caían al suelo con frecuencia, de tal manera que mejor tenerlas a mano para no perder continuidad.

Una mención para la preciosa Gibson Les Paul Goldtop del año 1953 apodada “Old black” (se puede ver en la foto en la que  Neil está con el brazo en alto) Una guitarra que adquirió a finales de los ´60. Muy tuneada, repintada, con pastillas y palanca de trémolo añadidos a posteriori, es su instrumento favorito. Con ella ha grabado gran parte de los discos clásicos como Rust never sleeps.

Hubo un solo bis, que duró aproximadamente media hora y una sola, preciosista y extenuante canción: Love and only love. Hubo detalles que dejaron claro que improvisan, en un par de ocasiones Young señaló con su mano derecha en acorde que iba a tocar con su mano izquierda, buscando con la mirada al resto de los músicos para cerciorarse que le seguían por dónde él quería ir. Abusando del sentido general del concierto, la interpretación del mismo y de la música de Young, es como la vida: momentos para la calma, para el amor, para la compasión, para intimar o compartir, para alegrarse, para entristecerse y para el enfado, la distorsión y el caos. Todos los componentes de Promise of the real y el propio Young, con sus camisas de cuadros y sus Levi’s proyectaban una imagen de consecuentes y sostenibles norteamericanos: ecologistas, vegetarianos, demócratas, del PETA y seguramente padres de familia numerosa con 19 años.

 

1 comentario

  • Abe 09/10/2016

    Una maravilla poder escuchar From Hank To Hendrix, tal como sonó en el concierto. Un gran recuerdo.
    Pese a que Neil Young está, con todos los honores, en mi Olimpo particular, y pese a que esperaba con mucha expectación verlo en directo, acudí con alguna duda al concierto. Había cierta incertidumbre previa alrededor del festival, que celebraba su primera edición. También me preguntaba cómo sonarían los míticos temas de Neil Young estando acompañado por Promise of the Real. ¿Se echaría de menos a los legendarios Crazy Horse?
    Toda duda quedó disipada desde el primer instante, cuando el gran Neil apareció en solitario para interpretar, de entrada, After The Gold Rush y Heart of Gold. El concierto, con la banda ya al completo sobre el escenario, fue creciendo en intensidad y potencia de una manera similar al modo en que Young lo hace con las versiones extendidas de sus canciones en directo. La apoteosis para mí, se alcanzó con Down By The River. A partir de ahí el nivel siguió aún in crescendo con Mansión On The Hill, Like A Hurricane y la varias veces “revivida” Rockin’ In The Free World. Y por supuesto, con el culmen final del bis, la versión de casi media hora de Love and Only Love.
    Aunque me quedé con las ganas de escucharlo esa noche, tras conciertos así, uno comprende aquel verso que dice “Rock and roll can never die”…

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