Paul Simon

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MADRID 16 de Julio de 1991
MADRID 18 de Noviembre de 2016
 

MADRID 16 de Julio de 1991

        

Gira del album Born at the right time con el Palacio de deportes lleno. La banda que Simon traía estaba formada casi en su totalidad por músicos africanos (herencia de Graceland) a excepción del batería Steve Gadd. (El lick en la entrada de 50 Ways To Leave Your Lover es glorioso)

MADRID 18 de Noviembre de 2016

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FUERA del ESCENARIO

Antes de entrar al Palacio de deportes escuché hablar a dos chicas al ver las colas de acceso: “…estos vienen al concierto de Justin Bieber?…” No creo, respondió una de ellas “…esta gente es muy mayor…”
Efectivamente el ínclito Justin tocaría en el mismo lugar dos días más tarde. Sus jóvenes seguidoras más ociosas habían acampado frente al recinto desde la semana anterior.
La diferencia fundamental entre Bieber y Paul Simon es que el espacio reservado al primero en los libros de historia se limitará a una linea más junto a los innumerables artistas prefabricados para fans adolescentes, gritonas, estrellas fugaces con un poso artístico inexistente. Leif Garrett, New Kids on the block, Jonas brothers, Ricky Martin, Operación triunfo
Ya dentro del Palacio de deportes, lucha de clases, segregación según el poder adquisitivo… La pista se parceló en función de los precios desembolsados por el cada vez más sufrido aficionado a la música en directo. Todo el mundo sentado en su sitio, como si fuera un teatro. El día en que salieron a la venta las entradas para el concierto, en primavera, a los pocos segundos lo mejor (más caro/cercano) que había disponible era la fila 7, y esa pillamos. 130€.
Tres meses más tarde, de manera sorpresiva, los simpáticos organizadores ofrecen lo que hipócritamente bautizan como “first row experience” Es decir: “vive la posibilidad de sentarte en las tres primeras filas junto al escenario por el módico precio de 350€
El porqué estas entradas VIP no estaban disponibles durante las primeras semanas de venta al público es un misterio de fácil resumen. Una más de las muchas triquiñuelas (early entries, meet & greets, golden circles, desvío de tickets al mercado de reventa…) con que nos torean, engañan, sangran, desesperan… a la hora de querer comprar una simple entrada para ver a nuestros artistas favoritos.

En el concierto de Bilbao, un par de días antes, Simon animó a los asistentes en el transcurso de la cuarta canción a levantarse y acercarse al escenario. Así ocurrió, y los que habían pagado los asientos más caros vieron como su privilegio se acababa de golpe.

En Madrid la “revolución” tardó más tiempo en fraguar, en parte debido al empeño del adoctrinado personal de seguridad para impedir que los espectadores de la mitad trasera de la pista llegáramos hasta el pie del escenario tras varios intentos frustrados.
Al final se consiguió al ritmo de You can call me Al, cuando el concierto llevaba transcurrido un par de horas, con lo que vimos los últimos 40 minutos de la actuación en mejor lugar. Una mujer a mi lado, vestida con un abrigo de piel y oliendo a perfume caro susurró a su amiga “…estos nos han invadido…”

Una lástima que todas estas circunstancias extramusicales nos privaran de poder prestar toda la atención a lo realmente importante: Lo que ocurría…

…SOBRE el ESCENARIO

El de este día era mi segundo concierto de Paul Simon.
Mismo lugar.
25 años por medio.
Otro septuagenario divino, incuestionable, del que no podemos más que disfrutar y admirar.
Para ser un gigante de la música, Simon es bien bajito, con carisma escaso, simpatía inexcrutable detrás de su operado rostro… Pero cuando empiezan a sucederse las canciones, ay amigo!! no hay escapatoria. Un setlist que supura clásicos absolutos, himnos generacionales, caricias al corazón, susurros para recordar momentos de tu vida en que esa canción fue la banda sonora… La primera lágrima asomó temprano con 50 ways to leave your lover. Y el despegue definitivo se mecía sobre el recorrido emocional de America.
El ritmo bailongo de Me and Julio down by the schoolyard volvió a levantar de los asientos a los menos anquilosados.
Cuando pudimos acercarnos al borde del escenario vimos uno de esos pequeños detalles que nos gustan en EPF. Las larguísimas uñas de la mano derecha del amigo Paul, perfectamente cuidadas y esculpidas para poder pulsar las cuerdas de la guitarra en el finger-picking-style. Parecía la mano de Nosferatu (podéis ver una foto en la galería donde se aprecia bien la susodicha garra)
6 canciones de la época con Garfunkel y 23 pertenecientes a la carrera en solitario, interpretadas por la habitual banda interracial de 9 virtuosos. A la cabeza Vincent Nguini, guitarrista camerunés, músico que repetía en el Palacio de deportes desde aquella gira de Rythm of the saints del ´91 junto al bajista sudafricano Bakithi Kumalo.
Gran parte del peso escénico gira también alrededor del multiinstrumentista escocés Mark Stewart.
Otra mención especial para Jim Oblon que hizo algo que no habíamos visto nunca en un concierto: Durante el tema Rewrite, toca al mismo tiempo la batería (bombo y charles con los pies) y la guitarra (con las manos, claro)
Y hablando de pies… En Stranger to stranger, detalle especial para Madrid, con la participación inesperada del baile zapateado del Niño de los Reyes y de Sergio Martínez en el cajón. Toma mestizaje.
Como suele pasar cuando estás disfrutando, todo lo bueno tiene su final. The sounds of  silence con Simon solo la guitarra acústica en el centro del escenario, cierra una noche para guardar en el rincón de la memoria que atesora los recuerdos especiales, de calidad suprema, piedra de toque para comparar con cualquier otra página musical.
El bucle del cuarto de siglo quedó cerrado con brillantez cristalina.
¿Otro bis?
Quizá algún día pero, porfavor, que no sea dentro de otro cuarto de siglo.

1 comentario

  • Jacques 19/12/2016

    Gracias por las fotos… y los comentarios! Has descrito perfectamente el ambientillo que se respiraba ahí abajo… debería estar prohibido ver un concierto de Paul Simon sentado, vivimos épocas de cambio…desgraciadamente.
    Eso si, el concierto un espectáculo y, como bien dices, a partir de You can call me Al, aún mejor! Hasta el próximo!

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