Roger Waters

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MADRID 25 de Marzo de 2011
MADRID 24 de Mayo de 2018
MADRID 25 de Mayo de 2018

 

MADRID 25 de Marzo de 2011

MADRID 24 de Mayo de 2018

 

Cualquier otra crónica del concierto de Roger Waters incidiría en temas como el setlist Pinkfloydiano, el sonido cristalino, los apabullantes efectos visuales… Permitidme desmarcarme de esos hechos incuestionables para derivar hacia el terreno personal.

Con nuestra habitual mezcla de insistencia y caradura nos las arreglamos para volver a ocupar un lugar en la primera fila. Por supuesto estábamos rodeados de fans acérrimos del fluido rosa. A mi derecha estaba un chaval de treintaypocos años. Su camiseta y una acreditación de “early-entry-entrada-cara” le delataba como fundamentalista del rock sinfónico. ¡Había venido desde Malasia para ver este concierto! Reconoceré por mi parte que los Floyd siempre me gustaron mucho pero no están en mi Olimpo musical-sentimental (Stevie WonderKate Bush, Zappa, Deep Purple…)

Yo llevaba toda la semana previa escuchando Dark side of the moon y, especialmente el gran final Brain damageEclipseMe hacía ilusión poder escucharlo en directo (¿por última vez?) así que, sin vergüenza de reconocer desconocimiento y convencido de que se sabría de memoria el repertorio de la gira, le pregunté a mi vecino sobre la posibilidad de que esos temas cayeran esa noche. “Uy…” dijo negando con la cabeza. Esos temas hace muchos años que no los toca. Qué lástima, pensé. Bueno. A disfrutar del resto.

El show comenzó con un directo a la mandíbula. BreathA partir de ahí fueron desfilando himnos que, sin ser conscientes de ello, tenemos indefectiblemente integrados en nuestro adn musical-existencial. The great gig in the sky necesitó del esfuerzo encomiable de dos cantantes para imitar el trabajo glorioso de una sola, Clare Torry, en el disco original de estudio. La banda que acompañaba a la estrella era de solvencia intachable, destacando Gus Sayffert que interpretaba las partes vocales de David Gilmour y Dave Kilminster (nada que ver con Lemmy) que se ocupaba de los elaborados solos. Muy interesante fue ver como Waters hacía el tick-tack de Time con el movimiento de púa-contrapúa y las cuerdas del bajo moteadas con la mano izquierda. La coreografía infantil en Another brick in the wall fue bastante caótica pero tenía su encanto aunque echamos en falta las imágenes en la pantalla de vídeo de los martillos caminantes de la película. Supongo que es una cuestión de derechos de autor y esas cosas del dinero.

Descanso de 20 minutos. Proyección de mensajes políticos, socioeconómicos, derechos humanos… Alguno podrá opinar con razón que hubo sobredosis de temario extramusical, un adoctrinamiento innecesario… Tan solo revisando The Wall se podría entender la insistencia sobre esas digresiones. En cualquier caso, la palabra predominante a lo largo del espectáculo, reflejada repetidas veces en la megapantalla y luego multiplicada hasta el infinito en el confeti lanzado al final sería RESIST (así, en rojo chillón). Putin, Trump e incluso un parpadeo de nuestro ex-Rajoy confeccionaron parte de la colección de líderes más o menos dictatoriales o simplemente fachosos que desfilaron por las proyecciones.

El regreso a escena transformó la fisionomía del Palacio de deportes en la hipnótica portada del Animals, diseñada por el colectivo Hipgnosis, con sus chimeneas humeantes y todo. De esa fábrica de Battersea salieron Dogs, Pigs con elegante cena de cerdos incluida. Money  incluyó el glorioso instante mitómano ver/oir en directo esa sencilla linea de bajo inmortal. Y de pronto, para mi sorpresa, empiezan a sonar los acordes de Brain Damage, que necesariamente enlazarían con la eclosión de Eclipse. Miré de reojo a mi todavía compañero de fila durante un segundo, a modo de reproche silencioso, y me dejé llevar por la emocionalidad de esa música tan deseada. Un prisma confeccionado con rayos láser sobrevolaba las cabezas de todos los que estábamos en la zona de pista y, mientras los compases se sucedían, los lagrimones cayeron por mi mejilla

All that is now
All that is gone
All that’s to come
and everything under
the sun is in tune
but the sun
is eclipsed by the moooooooooooon

MADRID 25 de Mayo de 2018

 

Ver el mismo concierto dos días seguidos tiene sus ventajas e inconvenientes: se amplifican las virtudes y los defectos del mismo. El concierto del segundo día en Madrid fue simétrico al del primero en todo: SET List, escenografía (el famoso cerdo entre otros vídeos y trucos escénicos), mensajes, gestualidad de todos los músicos (que eran 10 incluyendo a Waters), momentos cumbre y emociones varias. Es de suponer que toda la gira fue igual. ¿Es esto un problema? No hay una respuesta objetiva, el show es muy profesional y la transmisión de emociones y mensajes a través de la música y de la escenografía, aunque medidas, ensayadas y repetidas, son recibidas de forma creíble por el público. Todo era perfecto, pones cualquier disco de Pink Floyd de los 70 en el mejor equipo de música y oyes el concierto y no hay diferencia, la calidad de vídeo y de audio eran incuestionables. ¿Es reprochable la frialdad y los sentimientos fingidos versus la perfección? Es lo que hacen todos los actores todos los días en todos los teatros del mundo, aunque la música es otra cosa…

Aunque previsible lo más auténtico fue la coreografía de los niños en una canción tan archioída como Another brick in the wall. Unos niños aparecieron con un mono naranja modelo Guantánamo y capuchas en la cabeza, en un momento dado se lo quitan todo y todos llevan una camiseta con el lema oficial del concierto: RESIST. Los niños cambian en cada ciudad, estaban seleccionados por su ‘diferencia’ que les puede llevar a exclusión social: color de piel, estética, sobrepeso…Era creíble, con los acordes y las letras de la canción, aunque lo vieras 10 veces seguidas y tal como está el mundo, emocionaba.

Un detalle feo del ‘dios’ Waters. En la última canción baja al foso a dar la mano a los que están en primera fila, naturalmente todo el mundo quiere tocarle o chocar la palma de la mano con la suya. Al pasar por nuestra altura y con una manifiesta cara de asco nos espetó: ‘don’t pinch me!’, parece que alguien le tocó más de lo que puede soportar el hombre, se fue casi corriendo. Quedó horrible, parece que hacía este gesto de contacto físico por obligación (¿de quién?). Me recordó desagradablemente a Pink, el personaje interpretado por Bob Geldolf en la pelicula The Wall y creado por el propio Waters, un tipo cargado de ansiedades y a quien le repelía bajar al nivel de contacto con los humanos…

 

 
 

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